Nueve de Noviembre. Seguro que esta fecha es muy conocida. Uno de los acontecimientos más importantes de la Historia tuvo lugar el 9 de Noviembre de 1989: la caída del Muro de Berlín. El fin del totalitarismo más abyecto y retorcido se simbolizó con la caída del telón de acero. Veinte años después de aquello cabe
preguntarse en qué medida somos más libres.
No voy a negar que el acontecimiento en cuestión marcó un antes y un después en la Historia humana, porque negar evidencias me parece una idiotez. La caída de un régimen tan sanguinario y cruel como la URSS tiene que celebrarse siempre. Todos los años, sin excepción. Porque supuso el levantamiento de unos individuos libres contra el colectivismo; no de una colectividad.
Ahí fue donde se vio que el comunismo cae por su propio peso. Un sistema inalcanzable, inaplicable a la vida real, que promete lo que no puede hacer, y que de manera progresiva anula a los individuos y su capacidad de decidir; un sistema que es popular porque promete. Promete utopías que todos creen, pero que no se pueden llevar a cabo. De ahí que caiga sobre su propio peso: la economía comunista no se puede mantener durante muchos años. Por eso en el propio comunismo se han buscado otras vías, hasta terminar ab
riéndose comercialmente.
Aunque tampoco hay que menospreciar la labor que hizo EEUU, y sobretodo Ronald Reagan, que, al lado de Mijail Gorbachov, ayudaron al proceso de desintegración de una de las peores dictaduras que han existido sobre la faz de la Tierra.
El propio Reagan fue el que acuño aquella mítica frase, debajo del Muro de Berlín: “Tear down this wall”. Lo que se traduce como: “derribemos este muro”. Y al final se derribó. Fue con ese gran discurso, en el que el ex-presidente hizo gala de su gran capacidad de comunicación, con el que empezó la caída del Muro de Berlín, y, por ende, el triunfo de los valores de la libertad occidentales.
Sin embargo, 20 años después la libertad está más que amenazada en Occidente. La cultura de papá Estado representa una gran amenaza. El estado se expande a pasos agigantados y controla a una masa potencial de individuos. No es una peli futurista, desgraciadamente.
Por eso veinte años después tenemos que seguir derribando muros. Todo con tal de ganarnos la libertad individual. Porque, como dijo John Locke una vez, “la razón por la que los hombres entran en sociedad es para preservar su propiedad”.
"Derribemos muros, hablemos de libertad" es el eslogan de NNGG de Valladolid, ideado por mi colega Fonseca.








